Los detalles del arresto del ex príncipe Andrés sacuden a Gran Bretaña, reabren el caso Epstein y ponen al gobierno de Starmer bajo una nueva presión política – Desde dentro
Él Reino Unido está atravesando una convulsión institucional tras la detención, el pasado jueves, del príncipe defenestado Andrew Mountbatten-Windsor,





Él Reino Unido está atravesando una convulsión institucional tras la detención, el pasado jueves, del príncipe defenestado Andrew Mountbatten-Windsor, despojado de sus títulos desde 2022 y hoy oficialmente reducido a su nombre de pila.
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El caso abre las heridas del caso Epstein, que Andrés ya había salvado de ir a juicio en 2022 tras llegar a un acuerdo confidencial con la activista Virginia Giuffre, que le acusó de abuso sexual cuando era menor y que se estimó en 12 millones de libras. Andrés siempre negó los hechos, pero pagó millones de libras para poner fin al juicio sin admitir culpabilidad. mientras que Giuffre se suicidó en 2024, añadiendo una capa de gravedad emocional y política al caso.
Asimismo, expone burdamente la fragilidad de dos pilares del sistema británico: la monarquía y el gobierno.
En los albores del que era su 66 cumpleaños, en la invernal campiña inglesa de árboles centenarios, Wood Farm, situada dentro de los dominios reales de Sandringham, Andrés se encontró con una escena inédita para la monarquía británica: a las ocho de la mañana fue detenido por agentes vestidos de civil del Comando de Policía de Thames Valley.
Portadas de periódico británico tras la detención de Andrés Mountbatten-Windsor. Foto: EFE
Como a cualquier delincuente común, le tomaron huellas dactilares, fotografías policiales y muestras de ADN. Durante unas 11 horas fue interrogado por presunta mala conducta en cargos públicos cuando era representante comercial del Reino Unido (2001-2011), en un episodio que ya está siendo calificado en círculos políticos y mediáticos como un auténtico lío institucional.
Por la tarde fue puesto en libertad sin cargos, pero bajo investigación. No hubo declaraciones. Sólo imágenes: un rostro molesto, captado por periodistas cuando regresaba a su residencia en Norfolk, en tierra real, a unas 100 millas (164 kilómetros) al noreste de Londres. Allí aguardaba otra señal del momento excepcional que vivía: Los agentes habían incautado documentos y computadoras que le pertenecían como parte de las investigaciones en curso.
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El efecto dominó del caso Epstein
La escena en sí tiene peso histórico. En más de tres siglos de monarquía constitucional británica no se había visto nada parecido. El precedente más notable se remonta a 1647, cuando el rey Carlos I fue capturado tras perder la Guerra Civil Inglesa, antes de ser ejecutado dos años después. La comparación circula con cautela en Westminster, pero revela la magnitud simbólica del momento.
La operación policial es la última consecuencia de un efecto dominó que comenzó con la publicación de nuevo material vinculado al fallecido financiero y delincuente sexual Jeffrey Epstein.
Según las investigaciones, los investigadores están analizando correos electrónicos en los que Andrés supuestamente compartió información sensible sobre viajes oficiales y oportunidades de inversión cuando era representante comercial británico. Si se confirma, el caso podría derivar en graves cargos penales por mala conducta, un delito que en su forma más grave puede incluso acarrear cadena perpetua según la ley británica.
El rey Carlos III de Gran Bretaña. Foto: AFP
Para el biógrafo real Robert Hardman, el episodio marca un punto de inflexión institucional, destacando la importancia de una declaración oficial del rey Carlos III, hermano del prisionero, ofreciendo la cooperación de la Corona en la investigación policial. «Ha quedado claro que nadie está por encima de la ley, ni siquiera los miembros de la familia real», subrayó el rey.
La frase resume el delicado equilibrio que intenta proyectar la casa real: cooperación con la justicia sin dramatizar la crisis.
«Esa decisión, según varios observadores, hoy actúa como un cortafuegos político», dijo a EL TIEMPO la experta en la corona argentina Mónica Elliston, para quien las primeras acciones del rey «Deja en buena posición a la institución porque facilita la actuación policial y marca distancia». En su lectura, la estrategia de aislamiento progresivo del ex duque, hoy prácticamente un paria institucional, fue la clave para limitar el daño sistémico.
Si la monarquía intenta preservar el capital simbólico, las encuestas muestran que la tarea es ardua para la caída de André. Encuestas recientes sitúan su tasa de rechazo en el 90%, una cifra devastadora incluso para los estándares de crisis de reputación. Por el contrario, la desaprobación del rey Carlos III ronda el 40%, elevada, pero todavía manejable para la institución.
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La brecha revela una estrategia que parece estar funcionando de momento: personificar el escándalo en la figura del príncipe caído para proteger la corona como sistema.
Pero el riesgo no ha desaparecido. Cada nueva revelación del expediente Epstein reconecta el nombre de André con los años más incómodos de la última monarquía, reviviendo cuestiones sobre la vigilancia, los privilegios y la cultura de la impunidad entre las élites británicas.
La presión sobre el primer ministro Keir Starmer: ¿un sistema roto y corrupto?
Pero el terremoto no se limita a Windsor; También sacude el número 10 de Downing Street, sede del gobierno británico. Desde allí, el primer ministro Keir Starmer observa cómo la tormenta toca también a su administración.
Quizás por eso, nada más enterarse de la detención de André, el primer ministro se apresuró a decirlo. «Nadie está por encima de la ley.» La frase buscó proteger al ejecutivo contra acusaciones de favorecer a la élite, pero también puso de relieve el malestar del momento.
El Primer Ministro del Reino Unido, Keir Starmer (R), durante una visita a la base aérea de la RAF. Foto: EFE
«El riesgo para el Gobierno no es legal, sino la percepción pública. Si la investigación se intensifica y surgen nuevos nombres del establishment, la oposición puede beneficiarse de la historia de colusión entre el poder político y las redes de influencia vinculadas al caso Epstein», aseguró a este periódico el ex fiscal general del Reino Unido, Lord Charles Faulkner.
Para Faulkner, Starmer ya se había visto debilitado por una rebelión interna en el Partido Laborista después de admitir que conocía la relación con el ex embajador británico en Washington, Peter Mandelson, cuando lo designó como su arma diplomática más precisa para capear la tormenta del gobierno de Donald Trump en 2024.
También se decía que Mandelson había tenido una relación muy íntima con Epstein, según los documentos clasificados. La polémica terminó costándole el puesto a su mano derecha.
Con la dimisión del Jefe de Gabinete, Morgan Mc Stweeney El 8 de febrero, el funcionario asumió la responsabilidad de asesorar al Primer Ministro sobre el nombramiento de Mandelson como embajador en Washington.
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Faulkner también señaló que detrás de los episodios hay un sistema roto y corrupto para la gestión del impacto.
Por tanto, lo que está en juego va más allá del destino personal de un príncipe caído en desgracia. La monarquía británica ha sobrevivido a guerras, abdicaciones y escándalos familiares, pero rara vez se ha enfrentado a una combinación tan explosiva de escrutinio judicial, retirada de documentos y erosión de la confianza pública.
La diferencia con crisis anteriores es el contexto: una sociedad menos reverente, un ecosistema mediático implacable y una opinión pública que exige responsabilidad incluso de las figuras más simbólicas del Estado.
Según el ex fiscal general inglés, si se presentan cargos contra el hermano del monarca y el hijo favorito de la difunta reina Isabel II, puede enfrentar cadena perpetua por comportamiento inapropiado en el desempeño de funciones públicas, especialmente durante la crisis financiera de 2008 a 2011.
Hay otro elemento que da dimensión al episodio: su rareza histórica. El ex príncipe es el primer miembro de la realeza arrestado en la historia moderna del Reino Unido.
La última vez que un miembro de la monarquía fue arrestado se remonta al siglo XVII, en medio del levantamiento de los Estuardo. Que una escena similar vuelva a ocurrir hoy, aun cuando Andrés ya no cumpla funciones oficiales, tiene un peso simbólico difícil de exagerar.
Andrés era el hijo favorito de la difunta reina Isabel II. Foto:EFE
¿Qué puede venir ahora?
Formalmente, Andrés está libre. Políticamente, sigue bajo una pesada nube.
Los investigadores continúan escrutando las comunicaciones, los movimientos financieros y los testimonios vinculados a su etapa como Enviado Especial de Comercio Exterior de la Corona, designado por la propia reina Isabel II. Si el fiscal concluye que hubo abuso de cargo público o divulgación indebida de información, el caso puede pasar a presentar cargos formales.
Hasta ahora, el príncipe caído permanece en una zona gris: sin cargos, pero lejos de cualquier rehabilitación pública.
En Wood Farm, el silencio volvió después de que pasaron los coches de policía. Pero el episodio deja una huella profunda.
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Para la monarquía, es otra prueba de resiliencia en la era posterior a Isabel II. Para el gobierno de Starmer, un incómodo recordatorio de que el caso Epstein sigue teniendo consecuencias políticas impredecibles. Y para Andrés Mountbatten-Windsor, la confirmación de un caso que no parece tocar fondo.
El salto mortal británico apenas empieza a dar la talla. Y, como suele ocurrir en Westminster, las consecuencias reales no se verán el día del escándalo, sino en lo que suceda a medida que la investigación avance o se detenga bajo la mirada implacable de la opinión pública.
MARÍA VICTORIA CRISTANCHO – Corresponsal de EL TIEMPO – Londres



