“Llevamos 4 años inundados” – Lucy García, Gobernadora de Sucre – Desde dentro
Entre los departamentos de Sucre y Bolívar, donde los ríos Magdalena, Cauca y San Jorge confluyen para formar la


Entre los departamentos de Sucre y Bolívar, donde los ríos Magdalena, Cauca y San Jorge confluyen para formar la depresión Momposina, se encuentra una subregión que parece condenada a las inundaciones y la pobreza: La Mojana.
Este complejo de humedales, que debería actuar como un gran riñón regulador del agua, se ha transformado en los últimos años en escenario de una tragedia humanitaria y ambiental, que en las últimas horas fue calificada por la gobernadora de Sucre, Lucy García Montes.
“Esta época del año, esta variabilidad climática y las condiciones inusuales que nos presenta, nos afectan seriamente porque ha sido la temporada más seca para nosotros en Sucre, pero ha habido un aumento extraordinario en el nivel de los ríos Cauca y San Jorge. Sin embargo, en realidad llevamos cuatro años inundados”, dijo el funcionario en diálogo con Primer Plano EL TIEMPO.
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efectos en La Mojana Foto:Gestión de riesgos del municipio de Guaranda, Sucre
Hoy, más de 70.000 familias afectadas de la cuenca del Sinú, en el vecino departamento de Córdoba, ven el presente de Sucre como un futuro gris para su región.
Según la Unidad Nacional de Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD), en las últimas dos décadas se han registrado más de 500 eventos hidrometeorológicos en La Mojana Sucreña, que tiene una población de 304.026 habitantes, incluidas las comunidades indígenas zenú.
Una crisis resultante del colapso sistemático de los sistemas de agua provocado por el hombre; donde el agua, que alguna vez fue fuente de vida y productividad, se ha convertido en una sentencia de pobreza y enfermedad en medio de constantes inundaciones.
“En este momento tenemos dos frentes de crisis: uno en La Mojana, donde está la mayoría de las familias afectadas, allí tenemos 40.000 víctimas. La segunda región en alerta es la subregión del Golfo de Morrosquillo, donde producto del paso del frente frío tenemos 9.000 víctimas”, agrega el gobernador.
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«Cara de gato», una herida que no cierra
Dañado en Sucre Foto:Gestión de riesgos del municipio de Guaranda, Sucre
Si bien la región siempre ha convivido con la dinámica de arroyos, ríos, canales y marismas y todo el complejo sistema hídrico, se ha producido un último punto de inflexión. el 27 de agosto de 2021 con el desmembramiento de Jarillón en el sector Cara de Gato, en San Jacinto del Cauca (Bolívar), lo que provocó una brecha que inundó catastróficamente 11 municipios de cuatro departamentos (Bolívar, Sucre, Córdoba y Antioquia).
Desde entonces, el panorama ha sido sombrío. Sólo durante el primer ciclo de emergencia, sufrieron 93.722 personas. Hoy, a casi cinco años de este suceso, la subregión se encuentra inmersa en un permanente desastre público y extrema pobreza.
Las comunidades que apenas intentaban recuperarse de la devastación provocada por la pandemia de Covid-19 han quedado atrapadas en un ciclo de inundaciones recurrentes que han destruido hogares, cultivos y medios de vida, condenándolos a la pobreza extrema.
Desde aquella fatídica fecha de agosto de 2021, como comunidades sobre pilotes, en muchas zonas rurales del departamento de Sucre han construido puentes de madera para comunicarse de una casa a otra.
“Estamos preocupados por el aumento del nivel del río Cauca debido al aumento de la carga de hidroituango en el tramo alto del río. Las aguas del río San Jorge ya están fluyendo con toda su fuerza hacia los municipios de San Marcos, Caimito y San Benito Abán”, dice Argemiro Tuirán, coordinador de gestión de riesgos y desastres del municipio de Guaranda.
El funcionario también informa que se ha reducido el vacío legal de Cara de gato, pero aún no hay un cierre definitivo.
«En La Mojana todos estamos en constante riesgo por el aumento de las precipitaciones y el desarrollo de embalses. Nuestras ciudades son puntos de vertido de agua de todo el país», recuerda Carlos Riaño, un antiguo campesino del municipio de Guaranda.
Pérdida de hectáreas de cultivos plantados
Por poner solo un ejemplo, este año, según el gobierno de Sucre, las comunidades han perdido 500 hectáreas de cultivos de plátano en la comuna de Majagual.
«Históricamente, la siembra de colza se realiza en esta época porque es la época más seca del año. En febrero y marzo. Ahora, como resultado de estas lluvias inesperadas, se ha perdido toda la colza. Cada año, los agricultores piden préstamos sólo para cultivar, pero en 2026 lo perdieron todo excepto sus deudas bancarias», añade el gobernador.
Emergencia sanitaria: Vivir sin estar rodeado de agua
La paradoja de La Mojana es cruel: mientras las comunidades viven con el agua hasta la cintura, el 49% de la población no tiene acceso a agua potable. Esta carencia, combinada con la saturación de los sistemas de tuberías y los pantanos, ha creado una crisis silenciosa de salud pública.
«Para combatir el dengue, hemos introducido la vacunación porque ya se están produciendo brotes e infecciones. Se trata de un problema urgente de salud pública que debe abordarse», añadió el gobernador.
En Sucre también luchan contra la aparición de infecciones respiratorias y enfermedades diarreicas agudas. Problemas persistentes de la piel debido a la exposición al agua contaminada y profundos impactos en la salud mental debido a la pérdida continua del patrimonio cultural y la inseguridad causada por las inundaciones.
Organizaciones como la OPS/OMS han intervenido directamente durante los últimos cuatro años, involucrando a más de 71.000 personas en Bolívar y Sucre, centrándose en la vigilancia epidemiológica y la purificación del agua.
“En municipios como San Marcos, Majagua, Guaranda y Sucre los alcaldes han salido a enfrentar la crisis como pueden, y como gobierno acompañamos y enfrentamos las situaciones de crisis. Sin embargo, necesitamos todo el apoyo del gobierno nacional”, dice el funcionario, quien pide más apoyo en prevención a la UNGRD.
Veneno en el lecho del río:
Minería ilegal y asentamientos
La crisis no se trata sólo del clima; Este es un desastre provocado por el hombre. La Mojana está sufriendo las consecuencias de lo que ocurre aguas arriba. La minería ilegal de oro en los ríos Nechí y Cauca ha vertido toneladas de mercurio y otros contaminantes que se depositan y obstruyen los humedales de Mojanero, convirtiendo las inundaciones en un peligro tóxico.
Además, hay deforestación, ganadería extensiva y espesamiento de sedimentos. Como resultado, las tuberías, los arroyos y los humedales han perdido su capacidad de amortiguación, y el agua, al no poder encontrar un flujo, se estanca e inunda las ciudades.
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¿Hacia dónde se dirige La Mojana?
El gobierno nacional y las autoridades regionales continúan centrándose en cuatro elementos humanitarios clave: seguridad alimentaria, salud, vivienda y agua/saneamiento.
Los expertos advierten, sin embargo, que las soluciones temporales ya no serán suficientes. Hasta que no se tomen medidas de ingeniería en el Jarillón de Cara de Gato y se detenga la sedimentación minera, los habitantes de municipios como San Benito, Guaranda, Majagual y Ayapel seguirán dispersos en sus propias tierras.
La Mojana hoy es un reflejo de la vulnerabilidad de Colombia al cambio climático y del futuro inmediato que les espera a los habitantes de la cuenca del Sinú cordobesa.
Éste no es sólo un problema de ingeniería hidráulica; Ésta es la deuda histórica de una población diversa y resiliente que se niega a desaparecer en el barro y el olvido.
Un frente frío ingresará al Mar Caribe colombiano Foto:
JUAN MONTANO
corresponsal de EL TIEMPO
cartagena



