Autoridades lograron cierre total del Parque Tayrona tras suspender tregua con indígenas Kogui; comenzaron las mesas de diálogo – Desde dentro
Él Se construyó el Parque Tayrona diferente este sábado. No hay turistas caminando hacia las playas, ni turistas haciendo
Él Se construyó el Parque Tayrona diferente este sábado. No hay turistas caminando hacia las playas, ni turistas haciendo fila para tomar el sol, ni proveedores de viajes ni restaurantes cerrados. Sólo uniformados, control y silencio. Ahora si, el parque está completamente cerrado.
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Después de una semana de tensión y advertencias mixtas, las comunidades indígenas Kogui decidió acatar orden emitida por Parques Nacionales y retirarse del control que ejercían en la reserva. La decisión se tomó luego de la instalación de la primera mesa de diálogo institucional y la reunión que se desarrolló evitó lo que muchos temían: Enfrentamiento directo entre indígenas y fuerzas públicas en uno de los territorios más sensibles del país.
Él Tayrona fue detenido por policías y ejército. Sin interrupciones. Sin enfrentamientos. Pero lejos de la paz definitiva. La crisis apenas ha cesado.
Del pulso territorial al diálogo obligatorio
Los indígenas kogi han acordado retirarse tras entablar conversaciones con el Estado. Foto:Cortesía
A lo largo de la semana, el mensaje de las comunidades indígenas fue claro: No saldrían del parque sin garantía estado real.
Sus demandas no eran nuevas. Pidieron participar en la coadministración del Tayrona, reconocimiento de autoridades ancestrales, compensación a las familias afectadas y condiciones de seguridad en el territorio.
La tensión aumentó día a día hasta La Delegación Distrital de Santa Marta, junto a la Oficina del Pueblo, intervinieron como garantes de los derechos humanos y facilitó el desarrollo de un escenario de consenso bajo el cual se unieron Gobernador Kogi Atanasio Moscote Gil, representantes de Parques Nacionales, el Ministerio del Interior, la Fiscalía General y autoridades locales. Allí se llegó a un acuerdo provisional: Kogis aceptaría el cierre hasta que se desarrollara un plan de acción conjunto.
«Lo más importante era evitar la confrontación y abrir un camino institucional«, explicó un funcionario presente en la mesa, quien aseguró que el diálogo ayuda a reducir las tensiones sin desconocer los reclamos históricos indígenas. La retirada no significó una renuncia a sus demandas. Sólo una tregua».
Cierre ambiental… y político
Los proveedores de turismo se pusieron manos a la obra y descubrieron que la reserva natural estaba prohibida. Foto:Cortesía
Los parques nacionales defendieron esta medida, entre ellos: Resolución 091 del 17 de febrero de 2026, argumentando amenazas ambientales, condiciones climáticas desfavorables y la necesidad de proteger la integridad del área protegida.
El Tayrona se convirtió en escenario de una discusión histórica: quién debe gestionarlo y cómo equilibrar la protección del medio ambiente con los derechos de los antepasados de quienes habitaron este territorio antes de la creación del parque.
Durante la mesa de diálogo El pueblo Kogi ha insistido en avanzar hacia un modelo de relación gobierno a gobierno.”, proponiendo la participación directa en el manejo del área protegida y la solidaridad con las comunidades campesinas que también dependen de este territorio. El debate ya no es únicamente ecológico. Es de naturaleza política, cultural y territorial.
Un parque vacío y la economía en suspensión
Los indígenas kogi han acordado retirarse tras entablar conversaciones con el Estado. Foto:Cortesía
La imagen del sábado fue abrumadora: Entradas cerradas, presencia militar constante y ausencia total de visitantes. Un escenario impensable para uno de los destinos turísticos más importantes del Caribe colombiano. El cierre tiene un impacto directo en cientos de familias que dependen del turismo: guías, arrieros, vendedores, cocineros y pequeños empresarios.
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En el sector de Bahía Concha hubo incertidumbre desde el primer momento. Operadores turísticos y dueños de restaurantes llegaron con comida y productos listos para vender, confiados en poder trabajar como en los días anteriores cuando el parque permaneció abierto bajo control nativo. Pero encontraron una realidad diferente.
Las entradas han sido completamente cerradas. «Trajimos pescado, frituras y bebidas, pensando que todo seguiría igual. Nadie nos dijo que ya no podíamos entrar. Ahora todo se perderá”, dijo el vendedor afectado, observando los controles policiales que impedían la entrada.
Los alimentos perecederos quedaron sin finalidad. La inversión del día fue en vano. Crece la preocupación porque el Tayrona no es sólo un santuario natural: es la fuente de ingresos diarios de muchas familias en Santa Marta y sus ciudades.
Una fecha que podría cambiar el futuro del Tayrona
Comunidades indígenas reiteran que el Estado las escucha. Foto:Cortesía
Él El nuevo punto de inflexión será el próximo 27 de febrero a las 9:00 horas. La segunda reunión de diálogo se realizará en la Secretaría de Gobierno de Santa Marta, durante la cual las instituciones deberán presentar propuestas estructuradas que definan el futuro del parque.
Él Ministerio del Interior garantizará el proceso Se analizan mecanismos de protección de las comunidades indígenas y espacios de participación campesina en este sector.
Las partes acordaron un tema clave: evitar la estigmatización y manejar la información de manera responsable frente al público. El objetivo ahora es convertir la crisis en negociaciones duraderas. Cerrar el Tayrona no es una victoria para nadie. Los Kogi se retiraron sin renunciar a sus demandas.
Él El estado recuperó el control institucional, pero sin resolver el conflicto subyacente y el parque, símbolo natural del Caribe colombiano, ha permanecido vacío, vigilado, cerrado y en espera de decisiones que podrían cambiar para siempre la forma en que Colombia entiende la relación entre la protección ambiental, el turismo y los derechos ancestrales.
Autor: Roger Urieles para EL TIEMPO Santa Marta. @rogeruv
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