amenazas dirigidas, entre otros, a defensores de derechos humanos y funcionarios públicos – Desde dentro
Eran las tres de la tarde. El sol de diciembre caía con fuerza sobre las arenas de La Boquilla,


Eran las tres de la tarde. El sol de diciembre caía con fuerza sobre las arenas de La Boquilla, un un pueblo costero, de playas tranquilas, en Cartagena, frecuentado por turistas y locales.
El mar se agitaba indiferente, ajeno al brutal epílogo que estaba a punto de escribirse. La escena propia de un día de playa se desdibujó segundos antes la fugaz llegada de la muerte por orden.
Era miércoles 3 de diciembre, pero esta postal de paz había sido destruida.
Andrés Bedoya Betancour, un hombre de Medellín de 41 años, se encontraba en la playa con dos acompañantes.
Pidieron unas cervezas en la carpa, pero solo Bedoya decidió alejarse un poco y sentarse en las sillas, lo que, según un testigo entrevistado por la policía, selló su destino.
La escena del crimen es concisa y brutal: Un desconocido se acercó y le disparó una ráfaga de tiros a quemarropa. La víctima cayó sin tener tiempo de reaccionar. Murió instantáneamente.
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Perfil psicológico de un delincuente. Foto:iStock
La primera consecuencia del crimen fue Pánico colectivo: bañistas gritando y saliendo.
Las playas de La Boquilla quedaron desiertas en un torbellino de miedo y carreras. El segundo impacto vino de la Policía Metropolitana de Cartagena cuando hicieron la divulgación la identidad del fallecido y la difícil historia que llevaba consigo.
Se trataba de Andrés Bedoya Betancour, una víctima con largas deudas con el sistema de justicia.
Las autoridades confirmaron que Bedoya tenía una rica historia: once notas judicialesque marcó un patrón de alta criminalidad. Seis de estas notas se referían a robos agravados, registrados cíclicamente desde 2015.
Pero su historial iba más allá de los delitos comunes. Según la policía, Bedoya tenía datos sobre, entre otros, concierto para delinquir (2025), fuga de presos (2023), lesiones corporales (2018) y, de particular gravedad, dos denuncias de 2019 relacionadas con amenazas contra defensores de derechos humanos y funcionarios gubernamentales.
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La velocidad y brutalidad del ataque, combinadas con el perfil del fallecido, según la policía, indican claramente Facturaun mecanismo favorito de las estructuras criminales para saldar deudas o competir.
Los investigadores ahora están examinando los elementos dejados en el lugar, incluidas declaraciones que revelan la inquietante reacción de sus compañeros. Mientras uno de ellos inmediatamente salió a hablar por teléfono tras el sonido de los disparos, el otro permaneció en el lugar observando la inspección de las autoridades.
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El impacto del asesinato por contrato
El asesinato de Bedoya es un síntoma de la profundización de la crisis de seguridad que vive el país. Según datos de Cartagena Como Vamos, con fecha límite en noviembre El número de personas asesinadas en la capital de Bolívar ascendió a 302 en lo que va del año, perpetuando una escalada de violencia que continúa sin cesar.
La principal fuerza impulsora de esta ola son los asesinos, es decir, el asesinato por encargo. Como señaló el organismo de control, la violencia suicida tiene un «profundo impacto en la calidad de vida, afectando la confianza de los ciudadanos, la seguridad de la comunidad y la dinámica social».
Cada bala disparada a plena luz del día en una zona turística socava la sensación de seguridad.
La ejecución en una concurrida playa de un hombre con un largo historial criminal no sólo confirma el funcionamiento de las redes del crimen organizado, sino que también envía un mensaje escalofriante: dondequiera que se salden las cuentas pendientes de los violentos, sin importar tiempo y lugar, transformando el desafío de reducir los homicidios en una inversión urgente en bienestar social y recuperar la confianza pública.
Las primeras pistas provienen de las imágenes de las cámaras de seguridad del hotel de los asesinos a sueldo.
Además, te invitamos a ver nuestro documental:
Documental de la periodista Jineth Bedoya. Foto:
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