Fotos, velas y silencio oficial tras la captura de Nicolás Maduro en Caracas – Desde dentro
En el Puente Internacional Simón Bolívar, en Norte de Santander, el calor no disipa a quienes permanecen allí esperando

En el Puente Internacional Simón Bolívar, en Norte de Santander, el calor no disipa a quienes permanecen allí esperando noticias que nunca llegan. A dos días de la intervención militar estadounidense en Caracas, hay quienes no se mueven. Se mantienen firmes, con fotografías, carteles escritos a mano y una pregunta que no tiene respuesta: ¿dónde están y qué pasará con los colombianos detenidos en Venezuela?
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Nubia Mise camina lentamente sobre el asfalto caliente. No le preocupa el sol brillante ni las miradas curiosas de quienes cruzan habitualmente la frontera. Existe para crear historias visibles que, en su opinión, han sido sepultadas por el silencio oficial. Habla en nombre de varias madres y esposas que esperan noticias sobre sus seres queridos detenidos al otro lado del río Táchira.
Miembros del ejército colombiano custodian el Puente Internacional Simón Bolívar. Foto:Mario Caicedo. EFE
Su historia personal es una de las que se repiten en la frontera, con diferentes nombres pero con el mismo resultado. Su hermano estuvo detenido en Venezuela durante un año y un mes. Fue liberado en octubre de 2025 junto con otros 17 colombianos y entregado al gobierno colombiano en el Puente Atanasio Girardot.
“Fue malo mentalmente, pero también físicamente”, recuerda. Pero su libertad no curó la herida. “Mi familia ahora está tranquila, pero no del todo”, dice Nubia. «Porque empezamos todos juntos y nuestro deseo es que todos los miembros de nuestra familia estén en la casa de los demás».
Familiares de 19 colombianos detenidos en Venezuela exigen la liberación de sus seres queridos. Foto:Mario Caicedo. EFE
Su hermano fue detenido mientras trabajaba en la zona fronteriza, una situación común para familias con vínculos en ambos lados de la frontera. Cuando fue detenido transportaba a un ciudadano peruano residente en Estados Unidos. Este hecho fue suficiente para acusarlo y pasar más de un año en prisión.
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Otros nombres pronunciados por Nubia forman una lista que se ha convertido en memoria colectiva: Manuel Alejandro Tique, asociado al Consejo Noruego para los Refugiados; Pantaleón y José Luis de la Asunción Aragón, dos hermanos que visitan a familiares; Danner Gonzalo Barajas Luque, quien viajó para reencontrarse con su madre después de cinco años.
Familiares de colombianos presos en Venezuela sostienen fotografías de sus seres queridos. Foto:Mario Caicedo. EFE
A ellos se suman Arlei Danilo Espitia Lara, invitado a Venezuela como turista; Luis Eduardo Quinchia, Martín Emilio Rincón Quitián y Carlos Cañas, comerciantes y ganaderos que verían mucho ganado en la frontera Arauca-Venezuela. Ninguno, afirma Nubia, ha cometido ningún delito.
Luis Carlos Perea, Javier Giraldo García, Moisés David Garizao y Brandon Josué Castaño Ocampo también aparecen en la lista que tiene en sus manos.
«Todos eran legales. Ninguno de ellos era ilegal. No se cometieron delitos ni allí ni aquí», afirma. Sin embargo, las acusaciones se repiten: mercenarios, terroristas, paramilitares. “Porque somos colombianos”.
No hay avances en los esfuerzos diplomáticos
La frontera, que durante décadas había sido un espacio de trabajo, familia y tránsito cotidiano, se convirtió para ellos en un lugar de espera y tormento. Algunos de estos ciudadanos han estado detenidos hasta por un año y seis meses. El tiempo se mide por las Navidades perdidas y las llamadas que no llegan.
Las familias protestaron. Cerraron el puente. La última vez fue el 6 de diciembre. Nubia recuerda que un camión estuvo a punto de atropellarlos y que comerciantes y policías colombianos los atacaron para continuar cruzando el puente fronterizo.
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«Hubo muchos abusos y ninguna reacción», afirma. La jornada finalizó con una vigilia, acto simbólico para quienes celebraban su segunda Navidad fuera de casa.
Los recientes acontecimientos en Caracas, conocidos por noticias e informes fragmentados, han aumentado el miedo. “Nos genera incertidumbre porque no sabemos qué pasará con sus vidas”, explica Nubia. «No sabemos cómo pueden vengarse de ellos».
El martes, Sandra Castillo muestra fotografías de colombianos detenidos en Venezuela. Foto:Mario Caicedo. EFE
Las preocupaciones no son sólo por el aislamiento, sino también por el futuro. Por vidas consumidas por la detención, sin juicios claros, sin información oficial y sin plazos. Según Nubia, el gobierno colombiano no respondió. “Guarda silencio ante los colombianos que permanecen en Venezuela”.
Hasta que haya información oficial o avances en la liberación, el Puente Simón Bolívar seguirá siendo un lugar de encuentro para familias que buscan a sus seres queridos y un recordatorio de una frontera donde la espera se prolonga.
Andrés Carvajal
Cúcuta, Norte de Santander
Especialmente para EL TIEMPO



